Aterrizas en Dakar y África ya te ha envuelto con su manto. Es imposible resistirse a su encanto, a las miradas y a los sueños de su gente. Cuando estas allí sabes que no formas parte de esa tierra pero tus pies tratan de enterrarse en ella, tratan en vano de echar raíces en esa rojiza y reseca aridez donde el anacardo es el rey. Tus ojos, expectantes ante tanto colorido, no dejan de escudriñar esas miradas intensas que a la vez te examinan de arriba a bajo y se preguntan que hace aquí un “blanquito” en ese territorio de naturaleza hostil, olvidado de la mano de dios donde solo con amor se es capaz de sobrellevar una vida de privaciones y de esperanzas marchitas, donde la risa es el antídoto contra la falta de expectativas, donde existe la certeza de que los sueños, sueños son. Cuando cruzas las miradas con ellos te sientes  incapaz  de describir las dudas interiores que suscitan ya que irradian a la vez una calidez dulce y afectuosa. Hay un halo de cercanía dentro de la distancia que nos separa que conmueve. Durante dos semanas formas parte del lugar durmiendo en jaimas y esterillas. Trabajando en sillones casi dentales, sin aire acondicionado, ni luz, ni aspiración, llevando una vida de oriundo. Te sientes foráneo solo por el color de tu piel, aunque a las 24 h ya ha absorbido el color rojizo del entorno y hace que te sientas un poco mas cerca de ellos. A las 5 a.m el altoparlante de la mezquita del pueblo te recordaba que incluso los infieles deben despertarse a su llamada. Después de media hora de rezos si tu mente te lo permitía enlazabas con otro corto sueño matinal y sino desperezabas tu cuerpo de esterilla con un paseo matinal al alba, en ese momento mágico y único que el  sol te permite admirar su  nitidez y adorar su rojiza intensidad percibiendo el poderío que ejercerá horas mas tarde. A partir de las nueve empezamos la jornada de trabajo hasta las 8 p.m con un intermedio de 2 horas para comer y relajarnos de la canícula propia de nuestro agosto. Luego con el crepúsculo sobre nosotros es cuando analizas todas las situaciones que has vivido, escrutas esas miradas de agradecimiento que te han lanzado, esos gestos que sin entender el significado de sus palabras has captado por qué ha merecido la pena el esfuerzo y el sudor al que te has sometido. Aliviarles el dolor que les ha acompañado durante meses te reconforta y hace que te sientas sino mejor persona, sí más humano y sensible. En este periplo nuestro reto lo ha marcado Aboubacar. El destino ha querido que se cruzara en nuestro camino este niñito de tan solo 8 años y ya deshauciado de la vida, con los días terrenales  contados. Él ha sido nuestra lucha  y nuestra esperanza de que con empeño se pueden secuestrar las lagrimas que en breve derramarían por él. Él nos ha robado la calma pero nos ha regalado su sonrisa. Saber que algún día será mayor y formara una familia hace que una paz interior nos invada y nos de fuerzas para luchar ante otros desatinos del destino.

Missirah: cuando llegas aquí de la vieja Europa, sientes una quemazón interna de que algo va mal, de que el ser humano no es tan humano como aparenta permitiendo estas desigualdades en su propio hábitat. Como podemos pasar de la opulencia a la pobreza mas absoluta en tan solo 4 h de vuelo y no horrorizarnos de nuestra propia permisividad, de nuestro comportamiento ruin, mezquino y egoísta. Que delitos han cometido estas gentes para merecer semejante trato del destino y por qué si a nosotros nos han tocado con la varita  mágica  de la abundancia no nos han insuflado  un mínimo de misericordia para con los mas desfavorecidos. Cervantes ya dijo que siempre habría ricos y pobres pero lo que no predijo es que esa diferencia fuese tan brutal y vergonzante, propia de seres irracionales. Realmente crecemos pero no sabemos con certeza hacia donde, desde luego no hacia el estado del bienestar. Estamos gobernados por políticos calvinistas, donde impera la barbarie intelectual y el único valor cierto a parte del oro es el poder. Intentan perpetuarse en sus pequeños pedestales efímeros a costa de la humildad y sumisión de la gran mayoría silenciosa. A medida que avanzamos en tecnología y comunicación retrocedemos en misericordia y la pobreza espiritual que generamos acabará por hacer de nuestra especie y civilización un motivo de estudio para seres de otros planetas.

Jesús  Álvarez Ayala

Amigos de buba