Tras seis meses en lista de espera Buba vuelve a entrar en quirófano. Aunque pueda parecer una rutina para él después de tantas intervenciones no deja de estar inquieto. Sabe de su problema con las venas huidizas y casi imperceptibles, los ATS emplean un mínimo de cinco intentos en cogerle una viable. La perfusión está en marcha y comienza la cuenta atrás, hace el signo de la victoria a tia Bea y la camilla se adentra en un largo pasillo camino de quirófano. Su cara refleja la angustia contenida y miedo a la soledad. Es conciente de que este tramo desde el punto de no retorno hasta el nuevo despertar deberá pasarlo solo. Tras cuatro horas de operación y varias más de sueño postquirúrgico abre los ojos de nuevo desorientado y aturdido por los mórficos. Necesita un par de días para recuperar el tránsito y la normalidad y comenzamos la cuenta atrás: siete meses de recuperación activando 4 veces al día el distractor de hueso. Cuando Alicia le pregunta: ¿Buba ya ves la luz al final del túnel?, él le responde: ¿de qué túnel me hablas? Sus 12 años todavía no captan la ironía pero su paciencia y abnegación ante el infortunio son dignas de admiración. Desde el 2 de junio de 2013 hasta hoy, ha pasado incontables veces por quirófano, cinco meses seguidos sin levantarse de una cama, nueve meses sin apoyar la pierna derecha regenerando los 9 cm de tibia que le faltaban y ahora siete meses más sin apoyar la pierna izquierda regenerando su fémur. 

En cinco años solo ha disfrutado de la compañía de su mamá y hermanos durante seis meses y a uno de ellos ni siquiera lo conoce, solo en fotos. Le cuesta expresarse en su lengua materna,el mandinga, por lo que exceptuando con su padre que chapurrea el castellano, con el resto de la familia la conversación discurre en monosílabos. 

Sabe que esta situación es pasajera y que este mar de adversidades tendrá un final. Sueña con estudiar y alejar a su mamá y hermanitos de este futuro paupérrimo al que están abocados. 

Entre estos dos videos ha habido mucho dolor, sufrimiento y angustia, pero también risas, alegrías y sobretodo amor, mucho amor. La vida le ha golpeado inmisericorde  y no sabemos con certeza el final de esta batalla, pero ese carácter innato que tiene de vitalista es ya una victoria, porque por muchas secuelas y cicatrices que le quedan nunca le apagarán esa risa espontánea y natural que derrocha incluso en los momentos más bajos. 

 Gracias a todas las personas que de una u otra forma nos estáis cerca. Un abrazo desde Amigos de Buba para todos.